Chile: Tierra de nieve y arena
POR Ana Figueroa
En su famoso poema Descubridores de Chile,
Pablo Neruda, poeta amado por su pueblo y diplomático, evoca dulcemente su
tierra como una "nación angosta" hecha de "noche, nieve y arena." Tierra
remota, de contrastes y belleza sin parangón, se extiende como una
larga franja por el borde occidental de América del Sur hasta el Cabo
de Hornos.
Y, como escribe Neruda en su poema, Chile
es, ciertamente, un país
angosto: tiene más de 2.700 millas de longitud, pero un ancho promedio
que no alcanza las 150 millas. Al este, los imponentes Andes conforman
la "columna vertebral del país", con docenas de picos volcánicos activos
que materializan la frontera con Argentina. Entre los Andes y el Océano
Pacífico, la topografía de Chile es extremista. Al norte se encuentra
el desierto de Atacama, uno de los lugares más secos del planeta. Al
sur, la tierra se desvanece en un laberinto de islas, canales y fiordos
glaciales. En el extremo sur del país está el Cabo de Hornos, donde
los océanos Pacífico y Atlántico se unen, dando lugar a una furia de
mares que sólo pueden atravesar los navegantes a través del cercano
Estrecho de Magallanes.
El centro de Chile es la región más densamente poblada del país y
la que alberga a las tres ciudades más importantes: Santiago, Valparaíso
y Concepción. La mayoría de los visitantes llega a Santiago, la capital
del país, una de las ciudades más vibrantes y prósperas de América
del Sur. Santiago ofrece grandes bulevares, rascacielos y un moderno
sistema de metro, además de hermosas iglesias, calles peatonales empedradas
y plazas coloniales rodeadas de parques. Hay que asegurarse de visitar
el Cerro San Cristóbal, que ofrece una vista panorámica de la ciudad
a sus pies, y la Plaza de Armas, que constituye el centro turístico "obligatorio" de
Santiago. Con más de 450 años, la arbolada plaza está rodeada de edificios
gubernamentales, una bella catedral, y, por las tardes, es concurrida
por buena parte de la población local. Quienes se interesen por
el arte prehispánico, encontrarán dos museos colindantes con la plaza
que les ofrecerán el entretenimiento de la tarde: el Museo de Santiago
y el Museo Chileno de Arte Precolombino.
Santiago es una buena base para programar viajes de un sólo
día a parques nacionales, centros de esquí, aguas termales y haciendas
con 300 años de antigüedad. Algunos de los viñedos más conocidos del
país, tales como Concha y Toro, están a corta distancia, en el Valle
del Maipo. Por la noche, una gran variedad de restaurantes ofrece la
oportunidad de probar especialidades regionales, tales como la cazuela, que es un caldo con arroz, maíz fresco,
papas y carne o pollo. Pruebe la bebida nacional, el pisco sour, pero tenga cuidado pues es más fuerte de lo que imagina.
Al oeste de Santiago se encuentran dos "ciudades hermanas": Valparaíso
y Viña del Mar. La elegante Valparaíso, sobre la que Neruda escribió con
frecuencia, es un importante puerto conocido por sus calles sinuosas
y angostas, y por los rieles de sus funiculares, que ascienden hasta
lo alto de las colinas. Viña del Mar es uno de los balnearios más populares
de Chile. Al sur está el panorámico Distrito del Lago, tierra de densos
bosques y helechos, y brillantes lagos azul verdosos que reflejan las
imágenes de los volcanes coronados de nieve que se alzan imponentes
en el entorno. Es, también, la tierra de los araucanos, el pueblo indígena
de Chile. En cercanías del Lago Villarrica se asienta una gran población
mapuche, la más prominente de las tribus araucanas. Aunque no tan conocidos
como los mayas, los aztecas o los incas, los mapuches se encuentran
entre las culturas indígenas más distinguidas de América. Lograron
repeler invasiones por parte de los incas, en el siglo XV, y de los
españoles, en el siglo XVI, aplicando crueles tácticas de guerra de
guerrillas.
Además de su significado histórico, el Distrito del Lago ofrece, también,
una de las vistas más espectaculares de Chile: el Volcán de Villarrica,
uno de los más activos de América del Sur. Los turistas acuden para
ascender a su cima y, desde allí, contemplar su cráter sulfuroso.
La región del extremo sur de Chile ofrece sus paisajes más conmovedores,
tales como el Parque Nacional Torres del Paine, el Estrecho de Magallanes,
el Cabo de Hornos y los Canales Fueguinos. La denominación Torres
del Paine tiene su origen en la concentración de inmensas formaciones
de granito natural que se elevan sobre hermosos lagos y bosques, ríos
y cascadas. El parque ha sido designado, por la Organización para la
Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (UNESCO)
Reserva Biosférica, lo cual otorga un régimen de protección para especies
nativas tales como los guanacos y los venados chilenos, además de incontables
especies de aves, tales como los cisnes de cuello negro y las pequeñas
avestruces llamadas ñandúes.
Punta Arenas es la ciudad más austral del país,
y casi del mundo. Sobre el Estrecho de Magallanes, esta ciudad ha
prosperado como centro
de transportes, desde que la fiebre del oro de California atrajo
a una inmensa cantidad de naves que circunnavegaban el continente buscando
la riqueza prometida. Hoy, modernos cruceros atracan con frecuencia
en Punta Arenas, cubriendo itinerarios que incluyen los fiordos chilenos
y la Antártida. Desde Punta Arenas, un día de viaje llevará al turista
al Monumento Natural Los Pingüinos, habitado por más de cien mil pingüinos
magallánicos.
El territorio chileno también comprende varias islas notables. La
más lejana es la Isla de Pascua, en el Pacífico Sur, conocida también
por su nombre polinesio, Rapa Nui. Es famosa por sus Moai,
enormes figuras talladas en piedra volcánica y ubicadas sobre plataformas
de piedra por primitivos habitantes de la zona. Los primeros exploradores
europeos de la isla fueron holandeses, en el siglo XVIII, seguidos
por españoles y por el famoso explorador inglés, capitán James Cook.
Un oficial de la marina chilena anexó la isla a Chile, a fines del
siglo XIX.
Más cerca del continente se encuentra Chiloé, la mayor de las islas-o
conjunto de islas-de América del Sur. Se la conoce por sus bosques
pluviales, playas y pequeñas granjas. Alguna vez estuvo allí Charles
Darwin, deambulando por la exuberante vegetación ahora encerrada dentro
de un parque nacional. Las islas permanecen cubiertas, casi constantemente,
por una niebla que, se dice, tiene origen en un acuerdo entre criaturas
míticas terrestres y marinas.
Más famosas aún son las Islas de Juan Fernández, al oeste de Valparaíso.
Alguna vez, refugio de piratas; ahora protegen especies en peligro
de extinción, tales como la foca peluda. Su visitante más famoso fue
Alexander Selkirk, un fugitivo escocés que naufragó y vivió en las
islas entre 1704 y 1709. Daniel Defoe se basó en su historia cuando
escribió Robinson Crusoe, otra obra literaria que, como los
poemas de Neruda, se ha inspirado en este vasto y misterioso país.
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