Es octubre de 1971, y los Piratas de Pittsburgh acaban de derrotar a los Orioles de Baltimore para ganar la Serie Mundial. Con millones escuchándolo, el “Jugador más valioso”, Roberto Clemente, exclama: “En el día más grande de mi vida, para los nenes, la bendición mía y que mis padres me echen la bendición”.
Después de 17 temporadas en las grandes ligas, éste era el momento de Clemente; y fue en español lo que fluyó de su corazón.
“Ese momento representó la esencia de Roberto Clemente y simboliza por qué es tan respetado y querido en toda Latinoamérica”, nos dice David Maraniss, autor de Clemente: la pasión y el donaire del último héroe del béisbol (en español, julio 2006).
Pero la biografía no trata sólo de béisbol. Con la misma atención que le dedica a los relatos de los juegos de los Piratas, Maraniss presenta una visión compleja de un héroe de los deportes y un retrato vívido del panorama cultural de Estados Unidos.
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“Intenté escribir una historia universal a través de Clemente, que es un personaje universal”, relata Maraniss.
El arco de la vida de Clemente fue alto y corto. A los 38 años de edad, en 1972, falleció en un accidente aéreo, mientras transportaba ayuda para las víctimas de un terremoto en Nicaragua. Su cuerpo nunca se encontró. Clemente trepó desde la pobreza de Puerto Rico para inmortalizarse como el primer latino en alcanzar el Salón de la Fama del Béisbol. Fue un hombre que, nos dice el autor, “se volvió, tras su muerte, más grande que en vida”.