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Foto: Kristine Larsen 

El engaño al género
No es de  sorprender que las mujeres estén preocupadas por el Seguro Social. Ellas tienen mucho más que perder

Por Thomas N. Bethell
agosto/septiembre 2005

glosario de términos sobre seguro social

seguridad ante
todo
(junio/julio 2005)

mitos y verdades sobre el seguro social (abril/mayo 2005)

seguro social: reformar sin destruir (abril/
mayo 2005)

Posición de AARP respecto del 
seguro social
(abril/mayo 2005)

9 maneras de mantener solventes los fondos del seguro social 
(abril/mayo 2005)

acabando con los mitos del seguro social (primavera 2004)

Es cierto lo que han escuchado: las mujeres son diferentes a los hombres.

Demos un rápido vistazo a nuestra economía. Aunque los tiempos están cambiando, las mujeres siguen teniendo menos probabilidades de unirse a la fuerza laboral que los hombres (que no significa que trabajen menos que los hombres, sólo que no reciben ningún pago por ello). Por lo general, las mujeres que trabajan ganan menos que los hombres y tienen menos probabilidades de contar con algún plan de pensiones. Ellas tienen más probabilidades de dejar el trabajo por periodos largos de tiempo para criar a sus hijos, con frecuencia como madres solteras, o para prestar cuidado a sus padres adultos mayores. Finalmente, como regla general, las mujeres viven más tiempo que los hombres.

Estos hechos tienen consecuencias de largo alcance. Las mujeres tienen menos probabilidades de acumular ahorros mientras trabajan (y, por supuesto, con más razón si no trabajan). Sin embargo, debido a su mayor longevidad, tienen más necesidad de contar con ingresos durante décadas luego de sus años de actividad laboral y, al llegar a una edad avanzada, tienen más probabilidades de quedarse solas, con pocos recursos a su alcance.

Allí es donde entra a tallar el Seguro Social.

“El Seguro Social se ve bien diferente desde la perspectiva de una mujer”, dice Nancy Duff Campbell, copresidente de National Women’s Law Center (NWLC). “Para los hombres, el Seguro Social es ante todo un programa de jubilación para trabajadores. Para las mujeres, es un plan de seguro familiar”.

La  ex enfermera Janice Thomas, que en la actualidad cría a dos niños, percibe, de primera mano, la manera en que funciona el Seguro Social para los parroquianos adultos mayores que conoce al realizar asistencia pastoral en una iglesia de Washington. “Yo sé lo importante que es el Seguro Social para las mujeres que atiendo”, dice. “Ellas estarían perdidas sin este programa”. Ella quisiera que el programa se fortalezca, por ejemplo, al otorgarse crédito a las mujeres por los años que dedican a sus familias. Sin embargo, en principio ella no quisiera ver ningún cambio que exponga a las mujeres a mayores riesgos de terminar sus vidas sumidas en la pobreza.

Lo que las mujeres logran

Compare los beneficios del Seguro Social que la mujer recibe, hoy en día, con lo que podría obtener con el sistema de cuentas privadas

“Como enfermera neonatal y pediátrica en Atlanta, he visto las repercusiones de la pobreza desde el inicio de la vida”, afirma. “El Seguro Social protege contra la pobreza al final de la vida. Debilitar esa protección sería criminal”.

Mientras que el 80 por ciento de los hombres obtienen beneficios como trabajadores jubilados, sólo el 39.7 por ciento de las mujeres los obtienen. La mayor parte de las mujeres, 60.3 por ciento, obtienen beneficios, por lo menos en parte, como cónyuge o ex esposa de un trabajador jubilado, discapacitado o difunto.

El Seguro social está diseñado para satisfacer las necesidades de las mujeres de cuatro maneras:

1. La fórmula de beneficios progresiva compensa una proporción alta de los ingresos de personas que reciben ingresos bajos durante toda su vida. Esta es una protección especialmente importante para las mujeres trabajadoras que ganan poco y para aquellas que dejan de trabajar para dedicarse a sus familias, o para prestar cuidado a sus padres adultos mayores y para, finalmente, reincorporarse al trabajo.

2.

El ajuste del costo de vida (COLA) protege totalmente los beneficios contra la inflación y mantiene el poder adquisitivo a lo largo del tiempo, ya sea que se paguen al trabajador jubilado, a su cónyuge, o a un sobreviviente. Esta es una protección esencial para las mujeres porque ellas viven más tiempo (y comprenden el 71 por ciento de todos los beneficiarios de 85 años o más).

3.

Le ayuda a mujeres que no han trabajado, pero que están casadas con un trabajador, al pagarles un beneficio cuando el cónyuge que trabaja se jubila (por lo general, 50 por ciento del beneficio del trabajador). Cuando el trabajador jubilado fallece, su viuda obtiene un beneficio igual de por vida.

4.

El pago de beneficios de sobreviviente a aquellas mujeres cuyos esposos fallecen, o que quedan discapacitados, durante sus años de actividad laboral, para ayudarlas a sufragar el costo de criar a los hijos. A pesar que los políticos hablan del Seguro Social como un programa para jubilados, el Seguro Social asiste a más de 5.3 millones de niños, convirtiéndose en la red de seguridad más importante de la nación para ellos.

‘El Seguro Social no hace rico a nadie, sin embargo, ayuda a que las personas conserven su dignidad al mantenerlas alejadas de la pobreza’
De esta manera, el programa salvó a la madre de César Moreno Pérez, cuando su esposo, un trabajador agrícola de California, falleció en 1994, dejándola sola al cuidado de ocho niños. Los beneficios de sobreviviente del Seguro Social mantuvieron a la familia alejada de la pobreza y ayudaron a César a graduarse de la University of California de Berkeley. En la actualidad, César trabaja como analista de políticas en el Labor Council for Latin American Advancement.

“Mi abuela trabajó casi toda su vida en el campo y depende totalmente de su cheque del Seguro Social”, dice. “Para mi madre hubiera sido la misma historia cuando no hubiera podido seguir trabajando en el campo. El Seguro Social no hace rico a nadie, sin embargo, ayuda a que las personas conserven su dignidad al mantenerlas alejadas de la pobreza”.


El Seguro Social no es perfecto. Los legisladores podrían hacer más para ayudar a las mujeres si tomaran algunas medidas, tales como la mejora de los beneficios para parejas donde ambos cónyuges trabajan y el otorgamiento de un “crédito por servicio a la familia” por los años que las mujeres dejan de trabajar para dedicarse a la familia. Sin embargo, tales cambios incrementarían los costos globales del Seguro Social, de tal manera que es improbable que se consiga aceptación política en un momento en el cual muchos políticos afirman que el Seguro Social está en camino a la insolvencia y que nuestra primera prioridad debe ser reducir el tamaño del programa.

Los detractores del Seguro Social argumentan que el actual programa tiene deficiencias que afectan a las familias afroamericanas. Ellos sostienen que debido a que los afroamericanos varones mueren más jóvenes, sus familias estarían en mejor situación si parte del dinero se encontrara en cuentas privadas a disposición de los herederos. No obstante, las cuentas privadas pueden no contar con el dinero suficiente para compensar los beneficios que el Seguro Social paga a las viudas e hijos sobrevivientes. Además, las familias afroamericanas dependen en mayor medida de los beneficios de discapacidad, los cuales no pueden ser compensados, por lo general, por las cuentas privadas.

‘El lugar adecuado para exponerse a  riesgos es el plan 401(k), o una cuenta individual de jubilación (IRA), mas no el Seguro Social’
A pesar de la intimidante discusión sobre el futuro del Seguro Social, los fideicomisarios del programa prevén que probablemente los ingresos de los próximos 75 años no alcanzarán para cubrir los gastos en dos por ciento de los sueldos imponibles, aproximadamente. Los economistas y políticos han sugerido diversas maneras de cerrar la brecha para mantener solvente al programa sin recortar beneficios [Ver ¿Cuál es la idea?
].

El fortalecimiento del programa es la estrategia apoyada por Shannon Huhn, una corredora de inmuebles comerciales de Laguna Beach, California. Ella recuerda que su abuela se mudó con la familia cuando Huhn era aún una adolescente. “Mi abuela había llegado a los Estados Unidos como una inmigrante irlandesa, ella enviudó siendo relativamente joven y el Seguro Social se convirtió, junto con nuestra familia, en su red de seguridad”, recuerda Huhn. “Ahora nos dicen que el Seguro Social no tiene fondos. Debiéramos apuntalarlo y no reestructurarlo de tal manera que se arriesguen los ingresos básicos de jubilación. El lugar adecuado para exponerse a  riesgos es el plan 401(k), o una cuenta individual de jubilación (IRA), mas no el Seguro Social”.

El presidente Bush está haciendo campaña por un plan totalmente diferente. Antes que apuntalar el actual programa, las dos propuestas que ha adoptado hasta la fecha reducirían de tamaño al Seguro Social, al (1) alentar a los trabajadores a desviar parte de sus contribuciones a cuentas privadas de inversión y (2) recortar beneficios para todos los trabajadores, con excepción de los más pobres, en comparación con lo prometido por la ley actual.

La mecánica es compleja, pero la idea básica es simple: la esperanza es que las cuentas privadas de inversión generen lo suficiente para compensar el recorte de beneficios. Entre tanto, el Seguro Social se convertiría gradualmente en un programa mucho más pequeño.

Para Mayor Información:

Labor Council for Latin American Advancement (LCLAA)

Seguro Social en español

Nation Women's Law Center (disponible sólo en inglés)

Bush argumenta que las cuentas privadas serían una mejor inversión que el Seguro Social. El 2 de junio, durante la campaña que realizó en Kentucky, dijo: “Cuando recaudamos sus contribuciones en la actualidad, si usted es una persona joven que trabaja arduamente y paga al sistema, le disgustará enterarse que sólo obtendrá un retorno de inversión de 1.8 por ciento, que es lamentable… ¡Al diablo! Ustedes pueden invertir su dinero en bonos del Tesoro y obtener un mejor rendimiento”.

Mary Katharine Ham, editora del Insider, que es una publicación trimestral de Heritage Foundation, hace eco del argumento del presidente: “Sin duda, mi dinero en manos del Seguro Social genera 1.76 por ciento. Eso es mejor que 0 por ciento, pero es menor que el monto que ganaría en una simple cuenta de ahorros y mucho menor de lo que ganaría si yo pudiera invertirlo en bonos, o en fondos indexados de acciones”.

Sin embargo, otros argumentan que es engañoso referirse al Seguro Social como una inversión, desde que su propósito es proveer un seguro y, por ejemplo, nadie hablaría sobre un seguro de vivienda como si fuera una inversión.


El asunto clave es de qué manera el paso a una cuenta privada de inversión puede afectar a las mujeres y la respuesta es: depende. Si usted tiene un trabajo donde gana poco, o si toma tiempo libre para criar niños, es improbable que sea capaz de acumular una gran cantidad. Para cuando se jubile, si convierte su cuenta en una pensión anual, que es una póliza de seguro que otorga un ingreso anual en pagos mensuales, un saldo bajo en cuenta significará pagos menores. Si el mercado de valores está en baja para cuando usted se jubile, la cuenta puede contar aún con menos de lo previsto y, por consiguiente, se reduce la pensión anual (que también se verá disminuida por gastos administrativos).

Por otra parte, las pensiones anuales se fundamentan en la expectativa de vida, que es contraproducente para las mujeres. A modo de ilustración: si un hombre y una mujer se jubilan con montos similares en sus cuentas, la mujer recibirá un pago mensual menor que el del hombre, normalmente de 8 a 13 por ciento menos, porque el asegurador asume que ella vivirá más tiempo. Los términos varían de una compañía a otra, pero si se adquiere una pensión anual con 65 años de edad y con una cuenta de inversión de 100 mil dólares, un hombre podría recibir cerca de 700 dólares mensuales, mientras que una mujer sólo recibiría 610 dólares.

De esta manera, ya sea que una mujer obtenga una pensión anual como trabajadora jubilada, o como cónyuge, siempre recibirá pagos mensuales menores que los de un hombre. Además, a medida que pase el tiempo, se reducirá el poder adquisitivo de su pensión anual. Normalmente, una pensión anual adquirida a los 65 años perderá, por lo menos, el 40 por ciento de su valor para cuando ella cumpla 85 años. Pocas pensiones anuales cuentan con protección contra la inflación y aquellas que prometen protección parcial (con frecuencia, limitada a un cierto porcentaje), lo hacen disminuyendo el monto del pago mensual. No hay pensiones anuales que cuenten con la protección total del COLA del Seguro Social.

‘Necesitamos contar con lo que el nombre dice: ‘seguridad’, en lugar de mayores riesgos. Hay suficientes riesgos en esta vida para estar pensando en otros’
En conclusión, una cuenta privada de inversión puede ser beneficiosa para aquellos que cuentan con un monto considerable para invertir y que no están preocupados por la protección contra la inflación. Para otros, sin embargo, esta puede ser una manera riesgosa de acumular ingresos básicos de jubilación.

Es muy riesgoso cuando se compara con los beneficios garantizados que provee el Seguro Social, dice Erma Jean Mingo, docente jubilada que vive en San Diego, luego de trabajar durante 40 años en Denver como profesora y asistente del director. “Sigo el debate sobre el Seguro Social a cada hora”, dice. “Para muchas generaciones el Seguro Social ha ayudado a familias como la mía a sobreponerse a inconvenientes que surgen en contra. Mi padre trabajó arduamente toda su vida y luego vivió del Seguro Social. Mi hermano es discapacitado y vive del Seguro Social. Necesitamos contar con lo que el nombre dice: ‘seguridad’, en lugar de mayores riesgos. Hay suficientes riesgos en esta vida para estar pensando en otros”.

Las mujeres también se verán afectadas por otro aspecto del plan de Bush: el recorte de beneficios para todos los trabajadores, con excepción de los más pobres, que ganan menos de 20 mil dólares al año, en comparación con lo prometido por la ley actual. Al relacionar los beneficios con los precios, en lugar de los salarios, el plan recortará beneficios para todos los demás, en otras palabras, para cerca del 70 por ciento de los trabajadores de menos de 55 años en la actualidad. Eso significa que también se recortarán beneficios a las viudas e hijos sobrevivientes, debido a que estos se fundamentan en los beneficios de los trabajadores. En consecuencia, la reducción del tamaño del Seguro Social por medio del recorte de los beneficios de los trabajadores, tendrá un efecto dominó.

Los defensores de este plan argumentan que el recorte de los beneficios para todos los trabajadores, con excepción de los más pobres, es necesario debido a que el Congreso ha hecho promesas que no puede cumplir, llevando al Seguro Social hacia una eventual insolvencia. Otros, en cambio, creen que con incrementos moderados de las contribuciones y ajustes de los beneficios, se puede mantener equilibrado al programa. La propuesta de indexación de precios del presidente es “un recorte innecesario e injusto de los beneficios para la clase media”, según John Rother, Director de políticas de AARP.

Hay un argumento decisivo en el hecho de que la mayor parte de las mujeres no podrían soportar que su seguridad en la edad avanzada se ponga en peligro por los recortes de beneficios. Si no se contara con el Seguro Social, el 53 por ciento de las mujeres de más de 65 años serían pobres (comparado con el 12.4 por ciento actual). El Seguro Social provee el 90 por ciento, o más, de los ingresos para más de cuatro de cada diez mujeres solas (incluyendo a las viudas) de más de 65.

‘el principio guía para los legisladores debiera ser: ‘‘en primer lugar, no causar ningún perjuicio’’’
Para las minorías, incluso hay más en juego. Más de seis de cada diez mujeres afroamericanas e hispanas que viven solas, reciben el 90 por ciento, o más, de sus ingresos del Seguro Social. Aún con la ayuda del Seguro Social, cerca de la mitad (44 por ciento) de las mujeres adultas mayores afroamericanas y más de la mitad (58 por ciento) de las hispanas que viven solas son pobres.

“Dadas estas circunstancias”, dice Maya Rockeymoore, Directora de investigación del Congressional Black Caucus Foundation, “el principio guía para los legisladores debiera ser: ‘en primer lugar, no causar ningún perjuicio’ ”.

Mirando hacia el futuro ¿será que menos mujeres tendrán la necesidad de depender del Seguro Social a edad avanzada? Si es así, las decisiones sobre políticas que tengan impacto sobre el aumento del riesgo y la disminución gradual de los beneficios, parecen no ser muy duras. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que, sobre la base de indicadores clave, la dependencia de las mujeres en el Seguro Social se mantendrá alta. Entre los indicadores se tiene:

La participación de las mujeres en la fuerza laboral se mantiene baja en el rango de edad de 25 a 54 años (75 por ciento versus 91 por ciento para los hombres).


Las mujeres ganan menos que los hombres (cerca de 76 centavos por cada dólar).


El saldo típico de un plan 401(k) para una mujer es 40 por ciento más bajo que el de un hombre (diez mil dólares versus 17 mil dólares).


Los actuarios del Seguro Social estiman que, dentro de 40 años, el 40 por ciento de las mujeres dependerán, por lo menos en parte, de beneficios para cónyuges para sus ingresos.


La Gerontological Society of America proyecta que las tasas de pobreza de las mujeres que tendrán derecho a beneficios del Seguro Social en el año 2020, se mantienen iguales desde 1991.

Es difícil argumentar que el Seguro Social está dejando de ser útil para las mujeres. “Me gustaría creer que voy a planificar mi propia vida, de tal manera que no tenga que depender del Seguro Social”, dice Patricia Huggins, instructora de aeróbicos y masajista de Washington. “Sin embargo, uno nunca sabe qué sucederá, que es la razón por la cual necesitamos ser capaces de contar con el Seguro Social. He trabajado con mujeres con ingresos fijos que viven en hogares para el cuidado de adultos mayores discapacitados y que dependen totalmente del Seguro Social y creo que el inicio de la edad madura es lo suficientemente desafiante sin tener en cuenta el temor de vivir sin tener lo necesario para mantenerse”.


Thomas N. Bethell, escritor y redactor de Washington, ha seguido de cerca los asuntos del Seguro Social durante muchos años.


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