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Está en los genes
Leí en la revista National Geographic sobre un proyecto para ayudar a la gente a encontrar a sus “antepasados más lejanos”. Por unos 100 dólares usted recibe un equipo con un raspador plástico para la mejilla y un tubo pequeño con tapa roscada donde guardar su DNA, que luego enviará para ser analizado.
La idea es que cuando la humanidad se dividió en diferentes ramas que se esparcieron por todo el mundo, decenas de miles de años atrás, las poblaciones emigrantes fueron lo suficientemente pequeñas para contar con mutaciones genéticas compartidas por todos los miembros de cada grupo y solamente los miembros de cada grupo. Estos rasgos distinguibles en los genes han sido pasados, de generación en generación, a todos los seres vivientes en la actualidad. Los especialistas en genética sostienen que los seis mil millones de humanos pertenecen a lo que llaman "haplogrupos" prehistóricos, hoy identificables con exámenes genéticos.
La prueba mostró que mi Y-DNA patrilineal contiene las mutuaciones que definen el haplo grupo O2. Específicamente, su línea M95, exclusiva del sudeste de Asia. La genética demostró que el rumor era cierto. Yo tengo antepasados chinos. Manuel Hernández Arencibia puede ser solamente el primer esposo de Pilarcita y no el padre de mi abuelo Ramón; tal vez, Ramón
fue el hijo de Pilarcita con un hombre chino, que renunció a registrar a su hijo en favor de Manuel, el cubano blanco con mayor prestigio social.
Esa no fue mi única sorpresa. Pagué otros 100 dólares a Family Tree DNA, que conduce las pruebas para National Geographic, para analizar también mi linaje matrilineal: mi madre
, su madre Emelina
, Bitita, la madre de Emelina y la madre de Bitita, Felipa Fuentes.
| Con más de un millón de cubanos en Estados Unidos, también da indicios de la historia americana |
El resultado arrojó que ese linaje mío pertenece al haplogrupo L1, que se origina en el África sub-Sahariana. Le pedí a mi padre que se hiciera la prueba para su DNA matrilineal, que es el linaje materno que incluye a Rafaelita
, a Severina y a la madre desconocida de Severina (mi propio DNA no funcionaría, debido a que los individuos pueden solamente hacerse la prueba para ascendencia directa patrilineal y matrilineal). También arrojó que sus orígenes son africanos.
Tal vez, la ascendencia en parte africana de Severina explica el maltrato a su hija Rafaelita de parte de su hermanastra.
Ni Rafaelita (a quien yo recuerdo), ni Bitita (a juzgar por una fotografía) parecen tener ascendencia africana. Pero el DNA no miente. Cualquiera sea el caso, ahora sé que en algúna generaciones siglos atrás, dos africanos esclavizados en Cuba fueron mis antepasados.
Todo esto recuerda la historia de Cuba, con su legado español, africano y chino, además de un poco de la cultura traída por los inmigrantes de otras partes del mundo, tal como Italia e Inglaterra, en mi caso. Con más de un millón de cubanos en Estados Unidos, también dice de la historia de este país.
Pero esa es historia más reciente. Regresemos a un poco más de medio siglo atrás. Mi padre dejó Cárdenas para estudiar leyes en la Universidad de La Habana y mi madre dejó Manzanillo cuando su padre encontró un mejor trabajo en La Habana. Fue en la capital cubana que Roger y Mabel se conocieron, se casaron y me tuvieron como hijo. Sus vidas se desestabilizaron por la revolución de Castro cuatro años después de que yo naciera y en 1964 desarraigaron a su familia en búsqueda de la libertad en Estados Unidos.
Y aquí estoy, luego de guerras y miles de millas, luego de reconstruir la historia de seis generaciones de mi familia en Cuba, España, China, África, Inglaterra e Italia. En la actualidad, una séptima generación, mis hijos, son herederos de ese legado y el de su madre de ascendencia judía. En Estados Unidos, me tomó hasta que cumplí 50 para darme cuenta que mi vida en este país es también parte de la historia.
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