Cuando Inez Campusano cumplió 65 años, pasó a ser elegible para Medicare y pudo haberse inscrito para recibir los muchos beneficios que ofrece el programa. Sin embargo, ella no lo supo hasta hace tres años, cuando se jubiló a los 76 años. "Hasta entonces, nadie me había informado del programa", dice Campusano, que emigró de República Dominicana en 1959 y trabajó durante años en un hospital de Washington, D.C.
Al igual que Campusano, miles de hispanos de 65 años y mayores se están perdiendo los beneficios que ofrece Medicare, el programa federal de cuidado de la salud para adultos mayores estadounidenses. Las razones son muchas, según los que abogan por las personas mayores. Algunos no saben que el programa existe. Otros, erróneamente, creen que sólo los ciudadanos estadounidenses pueden inscribirse en Medicare, aun cuando los residentes permanentes tienen derecho a hacerlo si han vivido en Estados Unidos al menos cinco años y han pagado —ellos o sus cónyuges— los impuestos de Medicare durante, por lo menos, 40 trimestres, el equivalente a diez años.
A veces, el volverse elegible para el Seguro Social agrega confusión. Antes, cuando alguien se jubilaba a los 65 años, solía visitar la oficina del Seguro Social de su localidad y se inscribía para recibir los beneficios del Seguro Social y de Medicare simultáneamente. Pero debido a que ahora los adultos mayores que hayan cumplido 65 años no tendrían derecho a recibir los beneficios completos del Seguro Social hasta que hayan cumplido 66, muchos posponen esa importante visita a la oficina del programa y no se inscriben en Medicare. Para aquellos que postergan aun más el momento de jubilarse, esa visita podría suceder luego de muchos años de beneficios perdidos o tal vez nunca.
El número de hispanos que se está perdiendo los beneficios de Medicare —o de Medicaid, el programa gubernamental para estadounidenses de bajos ingresos que cubre los copagos y otros gastos de Medicare— es difícil de calcular. Los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS, por sus siglas en inglés) estiman que alrededor de 1 millón de adultos mayores elegibles no se han registrado ni en la Parte A del programa, que cubre hospitalizaciones, ni en la Parte B, que cubre visitas al médico y gastos médicos pertinentes. De los estimados 39 millones de beneficiarios de Medicare que tenían 65 años o más en 2008, sólo alrededor de 22 millones recibieron el beneficio de cobertura de medicamentos recetados a través de Medicare Parte D. Según los CMS, no existen datos estadísticos sobre la cantidad de adultos mayores hispanos elegibles que no se han inscrito en Medicare.
Sea cual fuere ese número, la Dra. Yanira Cruz, presidente y directora ejecutiva del National Hispanic Council of Aging, cree que es "estadísticamente significativo —e inaceptable".
Hay una gran cantidad de barreras que pueden ocasionar que adultos mayores hispanos no se inscriban en el programa. Puede tratarse de una simple "falta de conocimiento y comprensión del sistema", dice Cruz. Pero también ve esto como una oportunidad para que el gobierno federal y las agencias estatales hagan un esfuerzo de captación y educacion al nivel local para ayudar a adultos mayores latinos a navegar el complejo sistema de regulaciones y papeleo. "Aun cuando existe información en español, ésta no es adecuada desde el punto de vista de la edad o la cultura —afirma—. A menudo, la forma en que alguien descubre que tiene derecho a Medicare es que le sucede algo y tiene que ir a una clínica o a un hospital", y alguien le pide su credencial de Medicare.
Así fue como Mary Perez, de 90 años, descubrió Medicare Parte D, pese a que había estado inscrita en Medicare casi un cuarto de siglo. Cuando recientemente tuvo que someterse a una cirugía de cataratas, su médico le dijo que necesitaba el beneficio.
Aunque los adultos mayores pueden inscribirse en las Partes A y B de Medicare en cualquier oficina del Seguro Social, tienen que ponerse en contacto con los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid para participar en Medicare Parte D, y entonces elegir de entre docenas de planes privados. "El sistema es confuso", dice Perez.
Puede resultar más confuso aún si la persona tiene limitaciones con el inglés, dice Angel Luis Irene, director ejecutivo de Vida Senior Centers, de Washington, D.C. Y a veces la desconfianza en el gobierno o una fuerte sensación de autosuficiencia impide que la gente busque la ayuda de Medicare. "Muchos han tenido que depender de sí mismos durante tantos años que no esperan ni buscan nada", señala Irene.
Sin embargo, a veces, el mayor obstáculo que enfrenta un adulto mayor hispano nada tiene que ver con el idioma, el conocimiento que pueda tener de los programas o la desconfianza. Muchos de ellos han trabajado durante décadas, pero sus empleadores nunca les descontaron los impuestos de Seguro Social.
Sylvia Velasco, de 71 años, trabajó en forma continua desde que llegó al área de Washington, D.C. de su Chile natal en 1971. Ha trabajado como traductora y asistente administrativa en la embajada de Chile y otras agencias internacionales. Pero, debido a que la ley estadounidense no les exige a las embajadas pagar impuestos de Seguro Social a favor de empleados, Velasco perdió años de créditos a su favor. Ahora, ella tendría que pagar una elevada prima mensual de más de $500 por una cobertura de Medicare, una cantidad que ella no puede pagar.
"Trabajé toda mi vida —dice Velasco—, pero parece que no tiene importancia".