Para mantenerse a flote durante el bajón económico actual, Francisco Caraballo ha tenido que usar menos su automóvil, reducir drásticamente su presupuesto en entretenimiento y hasta achicar la mensualidad de sus hijos. "Pero el peor sacrificio fue dejar de aportar a mi cuenta de jubilación —dice Caraballo, de 49 años, residente de Sunrise, Florida—. Para estirar el sueldo, uno tiene que dejar cosas de lado; tiene que recurrir a sus cuentas de ahorro, y uno sabe que no va a poder llevar el mismo ritmo de vida una vez que se jubile."
La caída de la economía está obligando a muchos hispanos de 45 años de edad y mayores a tomar decisiones similares, muchas de las cuales podrían, según una encuesta de alcance nacional encomendada por AARP, tener consecuencias graves en el largo plazo.
Para algunos encuestados como Emanuel Gonzales, de 86 años, la depresión ha significado tener que ajustarse el cinturón, recortar lujos y hacer grandes sacrificios en cuanto al estándar de vida que llevaban. "Ya no viajo tanto y me cuido a la hora de hacer compras; compro sólo lo que tengo que tener. No busco nada más allá de eso," señala Gonzales, de Raton, Nuevo México. Más del 70% de los entrevistados dice haber reducido sus gastos en entretenimiento y la cantidad de veces que come afuera. Más del 62% ha postergado viajes.
Sin embargo, para muchos, la situación es aún más grave. Ocho de cada 10 encontraron más difícil pagar por elementos esenciales, como alimentos, gasolina y medicamentos. Siete de cada 10 dicen que es difícil pagar por servicios básicos como los de calefacción, refrigeración y teléfono. Más preocupante todavía: el 22%, o más de uno de cada cinco hispanos, está reduciendo sus gatos en medicamentos. Con una población de cerca de 9 millones de hispanos mayores de 45 años, esto significa que cerca de 2 millones de ellos están poniendo en riesgo su salud. Ese porcentaje es mayor que el correspondiente a la población en general, donde el 14% se ha visto forzada a reducir sus gastos en medicamentos.
| Un tercio de los hispanos —porcentaje coincidente con el correspondiente a la población general— ha dejado de aportar a su 401(k), IRA u otra cuenta de jubilación, y alrededor de una cuarta parte de ellos y de la población general está recurriendo a esas cuentas y extrayendo fondos tempranamente, con el costo adicional que ello implica. |
Otros deben tomar decisiones difíciles para poder pagar por sus medicamentos recetados. Para cubrir su medicamento para el asma, luego de que su esposo redujera de 40 a 35 las horas de trabajo semanal, la familia de Evelyn Arraya ha cortado drásticamente sus gastos en alimentos, entretenimiento y vestimenta. "Tuvimos que recortar muchos gastos; pero al menos, pude seguir respirando y vivir un poco más," expresa Arraya, de 51 años, de Deltona, Florida.
Nuestra casa, sana y salva
Pero una brecha más notoria aparece entre la población general y la hispana en lo que se refiere a la vivienda. La epidemia de ejecuciones hipotecarias genera una considerable preocupación porque, en comparación con el resto de la población, los hispanos tienen una mayor parte de sus activos aferrada a sus viviendas. Mientras que el 85% del total de la población —hispana y no hispana— es dueña de su casa, sólo el 45% de los hispanos invierte en acciones y bonos, contra el 63% del total de los estadounidenses de edad avanzada.
El 41% de los encuestados hispanos está teniendo problemas para pagar su hipoteca o renta, en contraste con un 26% en el caso del total de los estadounidenses de edad avanzada. Más de cuatro de cada 10 temen perder su casa —contra sólo una cuarta parte de la población general—, y cerca de ocho de cada 10 están preocupados por la seguridad de los vecindarios en los que se han ejecutado muchas viviendas —contra siete de cada 10 entre la población general—. Casi el 60% de los hispanos de edad avanzada cree que la crisis de ejecuciones hipotecarias afecta la seguridad de sus propios vecindarios, una sensación compartida con menos del 40% del total de los entrevistados. Dos de cada tres hispanos mayores de 45 dicen que la crisis de ejecuciones hipotecarias ha afectado el valor de sus propias casas, contra sólo uno de cada tres del total de los estadounidenses de edad avanzada.
Extendiendo el trabajo
Otras decisiones de último momento también tendrán consecuencias en el largo plazo. Más de la cuarta parte dice que el enlentecimiento económico los forzá a posponer sus planes para la jubilación —en comparación con apenas el 16% del total de los encuestados—, y entre los estadounidenses de edad avanzada, aproximadamente uno de cada cinco ha incrementado la cantidad de horas de trabajo. Cerca del 10% ha conseguido un segundo empleo. Un tercio de los hispanos —porcentaje coincidente con el correspondiente a la población general— ha dejado de aportar a su 401(k), IRA u otra cuenta de jubilación, y alrededor de una cuarta parte de ellos y de la población general está recurriendo a esas cuentas y extrayendo fondos de ellas tempranamente, con el costo adicional que ello implica.
Enfrentando el desafío
Para hacer frente a estos desafíos, durante el último año, el 18% de los hispanos entrevistados ayudá a sus padres con los gastos y el 5% tuvo padres que se mudaran con ellos. Más del 40% ha ayudado a un hijo a pagar cuentas o gastos, y el 14% ha tenido hijos que volvieron a mudarse con ellos por razones económicas.
"He estado ayudando bastante a mis hijos —dice Antonia Burger, de 71 años, de Toledo, Ohio—. Uno de mis hijos presentó la quiebra; otro, que estaba en Hollywood, se volvió a mudar aquí. Los demás no pueden ni siquiera darse el lujo de adquirir una casa; alquilan y no pueden ahorrar lo suficiente como para encarar la compra."
Como es típico en sus familias y comunidades, ante estas difíciles situaciones, los hispanos se están apoyando unos a otros.