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Cuidado de largo plazo en Puerto Rico: Mejorando el sistema y la calidad de vida - Ilustración: Walter Vasconcelos
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Ilustración: Walter Vasconcelos 

Cuidado de largo plazo en Puerto Rico: Mejorando el sistema y la calidad de vida
POR Carlos J. Queirós

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Sitios a visitar: Cuidado de largo plazo

El Plan del seguro de cuidados a largo plazo de AARP

Otoño 2004

Cinco niños, tres amas de llaves y múltiples visitas médicas a domicilio han permitido establecer un sistema de apoyo permanente —durante las 24 horas— para el padre de José F. Maldonado Moll, también llamado José Fernando. Fernando, de 89 años, vive en un apartamento contiguo a la casa de su hijo desde que su esposa murió, hace tres años.

Tras una seguidilla de derrames cerebrales que lo condenaron a una silla de ruedas y lo dejaron con problemas en el habla, los hijos de Fernando sabían que el laureado científico y profesor necesitaría mantener tanta independencia como le fuera posible. Muchas personas en Puerto Rico enfrentan un inminente problema cuando se habla de cuidado de largo plazo; pero esta familia de San Juan ha tenido la posibilidad de brindar a su padre los cuidados necesarios de manera exitosa. Esto, en tiempos en los que muchas familias, agencias gubernamentales y profesionales se están enfrentando al desafío de encontrar la manera de poder prestar suficientes servicios médicos a largo plazo a una población que está envejeciendo rápidamente.

La clase media siente los efectos devastadores de no ganar lo suficiente como para cuidar a sus seres queridos y, a la vez, de recibir demasiado dinero como para poder recibir ayuda del gobierno

Según el censo estadounidense llevado a cabo en el año 2000, cerca del 27 por ciento de la población de Puerto Rico tiene, al menos, 65 años y casi un 3 por ciento tiene 80 años o más. Este último segmento de la población, de 80 años o más, es el que está creciendo con mayor rapidez. Además, este grupo muestra un alto nivel de ocurrencia de enfermedades crónicas, lo que impondrá una mayor exigencia para las instalaciones de cuidados médicos a largo plazo.

Estudios realizados en Puerto Rico indican que la familia sigue siendo el principal proveedor de cuidados médicos de las personas adultas, asegura la Dra. Melba Sánchez-Ayéndez, profesora de gerontología de la Universidad de Puerto Rico y miembro del Panel Asesor sobre Envejecimiento y Salud de la Organización Mundial de la Salud. “El 98 por ciento de la población de edad avanzada vive en la comunidad; si los servicios de cuidados médicos se brindaran adecuadamente, definitivamente sería un modelo preferible a la institucionalización”— agrega. Alrededor del 2 por ciento de los adultos de 65 años o aún mayores viven en nosocomios de cuidados médicos a largo plazo.

Moll, profesor de la Universidad de Puerto Rico, reconoce las dificultades relacionadas con el cuidado de un padre que va entrando en años. Pero agrega: “El cuidar a nuestro padre nos ha permitido a sus hijos tener un punto común de reunión. Nos ha unido aún más como familia”.

Con 64 años de edad, reconoce que su familia tiene la suerte de poder pagar los cuidados de su padre, cuyos ahorros y pensión, junto con el Seguro Social y el programa Medicare, ayudan a cubrir la atención médica, que cuesta un promedio de $4,000 mensuales.

El tipo de atención que una persona recibe está estrechamente relacionada con su posición socioeconómica. Sánchez-Ayéndez explica que, si bien sólo representan menos del 2 por ciento de la población, las familias pudientes no dependen del gobierno. La ayuda del gobierno está disponible para las familias que cumplan los requisitos, pero, a menudo, los servicios son limitados. “La clase media —afirma— siente los efectos devastadores de no ganar lo suficiente como para cuidar a sus seres queridos y, a la vez, de recibir demasiado dinero como para poder recibir ayuda del gobierno”.

Las agencias gubernamentales y las compañías privadas proporcionan servicios que van desde amas de llave y entrega de comida hasta visitas médicas a domicilio y transporte puerta a puerta. Empresas tales como Caregivers Inc. saben que la demanda de servicios especializados es alta y muchas instituciones brindan servicios de entrega de alimentos a personas de edad avanzada con necesidades alimenticias especiales como, por ejemplo, comidas para vegetarianos, alimentos para pacientes diabéticos o con altos niveles de colesterol.

“En Puerto Rico, contamos con casi todos estos servicios, pero de manera limitada. Por ejemplo, Amas de Llave [un servicio de tareas domésticas] está limitado en la cantidad de horas y de personal que ofrece. Muchas personas de edad avanzada podrían mantener un mayor grado de independencia y permanecer en sus hogares si tuvieran acceso a un eficiente servicio de ama de llaves”— destaca Luis de la Cruz, Director de AARP, para el Estado Asociado de Puerto Rico.

Leticia Rivera-Pérez, administradora de servicios para adultos de edad avanzada del Departamento de Familia, concuerda con esto último. “Como filosofía, creemos [el Departamento de Familia] que el hogar de cada uno es el lugar más conveniente para transitar la vejez. Necesitamos crear una estructura para que esta población adulta pueda envejecer tranquila”.

Con el propósito de enfrentar estos complejos problemas, la sucursal de AARP en Puerto Rico organizó una conferencia sobre cuidados a largo plazo. Celebrada en San Juan en el mes de noviembre de 2003, la reunión contó con la asistencia de 200 profesionales de servicios médicos, académicos, representantes de agencias gubernamentales y proveedores de servicios.

Sánchez-Ayéndez presentó un estudio de cuidados médicos a largo plazo que detalla varios hallazgos significativos, entre ellos, la necesidad de:

  • Mejorar la calidad de los servicios que se proporcionan en las instalaciones residenciales de cuidados médicos a largo plazo.
  • Mejorar la capacitación y la disponibilidad de personal.
  • Mejorar la coordinación entre las agencias y las organizaciones a fin de crear un sistema eficaz de cuidados a largo plazo.

Sánchez-Ayéndez agrega que a pesar de los esfuerzos del gobierno por coordinar los servicios, éstos no están, para la mayoría, bien integrados. La doctora hace referencia a la carencia de mamógrafos en algunas de las instalaciones, lo cual trae aparejado que las personas que no dispongan de transporte encuentren mayores dificultades para hacerse una mamografía. Si bien la Autoridad Metropolitana de Autobuses (servicio de ómnibus del gobierno) ofrece viajes gratis para los adultos de la tercera edad, el alcance de las rutas es limitado.

Moll se considera afortunado por no tener que depender de los recursos del gobierno para el cuidado de su padre y afirma: “Muchas agencias son muy ineficientes e invierten excesivas cantidades de recursos en actividades de poco valor social”.

Rivera-Pérez reconoce la falta de coordinación, pero agrega que se están haciendo grandes esfuerzos a fin de lograr que los servicios sean más uniformes, accesibles y específicos para las diversas y complejas necesidades de las personas de edad avanzada. La funcionaria destaca que los encuentros regulares entre el gobierno y representantes de la comunidad forman parte de un esfuerzo por “...comenzar a hablar el mismo idioma ya que todos estamos tratando de servir al mismo sector de la población”.

“Es el tipo de población que necesita que le llevemos el servicio. No podemos esperar que sean ellos los que vengan a nosotros”— expresa. 

Si bien no existe un modelo perfecto de servicio médico a largo plazo para el futuro, muchos creen que un primer paso para aproximarse a ese modelo ideal sería el establecimiento de una política pública eficaz. Más de 50 leyes tratan sobre el bienestar de las personas de la tercera edad. “Necesitamos, pues, reformular la actual política pública para asegurarnos de que sea, a la vez, amplia y realista, con una visión crítica que entienda los problemas del presente y que anticipe las necesidades y la realidad del futuro de la población de edad avanzada”— afirma de la Cruz.

Rivera-Pérez piensa que un buen paso sería lograr la participación de todos. “Necesitamos crear una estructura que incluya la participación de toda la comunidad y, más específicamente, de la familia”— destaca. “El gobierno solo no puede satisfacer las exigencias de servicios”— agrega, y menciona al servicio de amas de llave como el más popular y, a la vez, el más caro de los servicios de su tipo.

Los profesionales del área de los servicios de salud a largo plazo afirman que Puerto Rico va por buen camino en muchos aspectos. En 1986, el gobierno del estado libre asociado fue uno de los primeros en crear una Carta de Derechos para las Personas de Edad Avanzada. El documento establece el derecho de los ancianos a vivir en un ambiente de paz, donde se les trate con respeto y dignidad y donde se preste atención a sus necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y espirituales. También resume los derechos de los individuos que se encuentran en establecimientos y hospitales de cuidados médicos a largo plazo.

La ley 190 exige que los proveedores de servicios médicos a largo plazo aprueben un curso sobre los últimos avances en gerontología, con énfasis en las necesidades y cuidados básicos de las personas de la tercera edad. El Departamento de Familia y otras agencias velan por la correcta implementación de dicha ley. Sánchez-Ayéndez agrega que durante los últimos cuatro años, se ha facilitado el acceso a los servicios y la información.

De la Cruz tiene muchas esperanzas. “Debemos reconocer que, tanto en el sector público como en el privado, ha habido abundante bondad y dedicación por parte de miles de personas... a ellas les debemos, virtualmente, todos los cambios positivos, y sobre su ejemplo podemos edificar un nuevo porvenir”— concluyó.

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