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| Foto: Joshua Kessler |
Vida y arte
Por Lewis Beale
junio/julio 2006
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Walkout —una película de HBO dirigida por Edward James Olmos, que relata la protesta que en 1968 encabezaron estudiantes chicanos contra las injusticias del sistema educativo público de Los Ángeles— es arte. Cientos de miles de personas uniéndose hoy para protestar es vida. Cerca de cuatro décadas después de la protesta que inspiró el film, y apenas días después de que fuera emitido, en marzo, medio millón de manifestantes se reunieron en Los Ángeles —junto con miles más que lo hicieron en otras ciudades a lo largo del país— contra la pospuesta legislación sobre inmigración, considerada por muchos como anti-inmigrante.
El film de Olmos llevó a Juan Mendoza —encargado de la cafetería de una escuela en el Este de Los Ángeles— a las calles, en marzo. Criado en México, Mendoza, de 42 años de edad, nada sabía sobre la protesta de 1968 hasta que actuó como extra en la película. Entonces, aprendió con rapidez. “Los estudiantes comenzaron con pequeñas reuniones en las escuelas, y luego tomaron la iniciativa para marcar la diferencia. Ellos dijeron: ‘Aquí estamos, necesitamos más respeto, algo que sea percibido claramente por el pueblo estadounidense —comenta Mendoza—. Esas personas me inspiraron. Ellos pudieron marcar la diferencia. Si ellos pudieron hacerlo, también nosotros podríamos’ ”.
Walkout es un típico proyecto de Olmos: cualquier cosa que emprenda tiene que ser por algo. Conocido por su conciencia social y activismo político, Olmos dice haber dirigido este film porque unifica y transmite fuerza: “La unidad es el factor preponderante: la unidad en un objetivo común permite que uno sea escuchado. Da fuerza a los que están privados del derecho de votar. Pueden unirse tras un objetivo común. Ustedes sintieron la fuerza de la multitud en marzo, cuando tantos marcharon”.
Aun cuando el actor, de 59 años, aceptó el papel estelar en Battlestar Galactica, del Sci Fi Channel, tuvo que ser por algo. Los paralelismos políticos contemporáneos con esta serie —en el que la humanidad lucha contra una raza de robots creada por el hombre— lo motivaron. Él se aseguró de que la serie, que se estrenó en 2003, no presentara extraterrestres ni historias sobre imperios galácticos. El show ganó un premio Peabody en 2005.
| Olmos tomó este sentido comunitario y lo amplió para extenderlo al mundo | Galactica y Walkout son sólo los últimos de una serie de películas y rols televisivos activistas —El Pachuco en Zoot Suit, el dedicado maestro de matemáticas en Stand and Deliver (Lecciones inolvidables), — que definen la carrera de Olmos. Y todos surgen de un orgullo latino y buenas obras para la comunidad.
Él rastrea esto hasta su bisabuelo materno, Enrique Flores Magón, activista y periodista que fuera uno de los principales propagandistas de la Revolución Mexicana. Olmos heredó el concepto de lucha por la justicia de su padre —empleado postal— y madre —empleada de un hospital—. “Ambos eran activistas tratando de lograr un entendimiento de la lucha latina en Estados Unidos y de asegurarse de que la comunidad fuese comprendida”, explica.
Olmos tomó este sentido comunitario y lo amplió para extenderlo al mundo, desde el Hospital de Niños de Miami hasta UNICEF. Y ha dejado una marca aun más grande como activista por la cultura latina. Olmos fundó el Los Angeles Latino International Film Festival, porque, según él, “el cine es el medio de comunicación más poderoso en el mundo y no estábamos viendo esas imágenes que trataban sobre nuestra cultura”. Y creó el Latino Book & Family Festival. Su proyecto Americanos, organizado con el Smithsonian Institution, examinó la cultura latina a través de la fotografía, el cine, la música y la literatura.
“El proyecto Americanos es de vital importancia —dice Lea Ybarra, directora ejecutiva del Center for Talented Youth de la Johns Hopkins University—. Cuando uno analiza el libro Americanos, ve la realidad de los trabajadores indocumentados cruzando el río, y él cree que ésa también es nuestra realidad, tanto como lo son los científicos y músicos en el libro”.
| También es humilde y modesto; el tipo de persona que realmente respeta a sus admiradores | Olmos ha recibido más galardones y títulos honoríficos, integrado más juntas o consejos nacionales, y actuado como vocero oficial para más organizaciones de lo que parece humanamente posible.
¿Tanto trabajo convierte a Olmos en una persona aburrida? De ninguna manera. Él reconoce que los duros gángsters que ha interpretado pueden dejar la impresión de que no posee un sentido del humor, pero, “Me río mucho”, dice.
En serio. David Eick, productor ejecutivo de Battlestar Galactica, confirma que Olmos es el más grande bromista en el plató: “Tiene la boca más sucia, y todos lo adoran por ello. Uno se espera una conducta estoica, propia de su imagen de matón, y él lo desarma a uno por completo”.
También es humilde y modesto; el tipo de persona que realmente respeta a sus admiradores, según Ybarra, su amiga de más de dos décadas.
Olmos y su tercera esposa, la actriz Lymari Nadal, de 28 años, han estado casados desde 2001. Tiene cuatro hijos, dos de los cuales son adoptados. Brandon, Michael y Bodie trabajan con su padre. Mico es un monje budista zen.
Para Olmos, el trabajo continúa. Pero lo que más querría lograr es lo siguiente: ayudar a la comunidad hispana a aprender a crecer en unidad en este siglo.
Cree en la juventud: “Los estudiantes… son lo suficientemente maduros para comprender, pero no para ser tomados en serio. Si se unen, la voz se hace muy fuerte, y es la voz más fuerte con que contamos. Cuando se le otorga poder a la juventud, se le está otorgando poder a los futuros líderes del mundo”.
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