Compartiendo la sabiduría tolteca
POR Ana Figueroa
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Sé impecable con tus palabras.
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No te
tomes nada personalmente.
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No hagas suposiciones.
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Haz siempre lo máximo que puedas.
Sabias palabras de los toltecas, que hace
mil años dominaban la zona
central de México. Estas antiguas máximas se han actualizado gracias
a Los cuatro acuerdos (The Four Agreements). El ex presidente
Bill Clinton acostumbra citar pasajes del libro en sus discursos. Oprah
Winfrey lo elogia en su programa de televisión y en su revista. Otras
celebridades, como Ellen DeGeneres, Carlos Santana, Madonna y hasta
Britney Spears son admiradoras del autor del libro, el mexicano Don
Miguel Ruiz.
| 'La verdad es que ya somos perfectos
de maneras muy individuales. Eres lo que eres' |
Publicado en 1997, Los cuatro acuerdos:
Una guia practica para la libertad personal, (Amber-Allen Publishing),
ha sido traducido a 30 idiomas. En el 2000 alcanzó el primer lugar
de los que más se venden (bestsellers) en la lista de The New
York Times y a pesar que ya no ocupa el primer lugar, aún se
mantiene en tan prestigiosa lista.
Ruiz, de 51 años de edad, es un símbolo cultural
en todo el mundo, sin embargo, la fama y la fortuna nunca lo han motivado.
En realidad,
su objetivo siempre ha sido ayudar a otros a encontrar "el camino hacia
la libertad personal", compartiendo recursos simples pero poderosos
a los que se refiere como el "conocimiento tolteca". Además de Los
cuatro acuerdos, Ruiz ha escrito otros tres libros, de los cuales
el último es La voz del conocimiento: Una guía práctica a
la paz interior (The Voice of Knowledge: A Practical Guide to
Inner Peace, Amber-Allen Publishing, 2004).
En este último libro, Ruiz hace un recuento de su búsqueda para "descubrir
la fuente del sufrimiento humano".
El padre de tres hijos adultos pasa la mayor
parte de su tiempo en la zona de San Diego, donde están las oficinas de su Fundación sexto
sol (Sixth Sun Foundation), que no tiene fines de lucro. La fundación
apoya a los
Grupos del saber para vivir los cuatro acuerdos
(Living the Four Agreements Wisdom Groups), alrededor del mundo. Los
alumnos de Ruiz organizan excursiones a lugares sagrados toltecas,
tales como las grandes pirámides de Teotihuacán, en las afueras de
Ciudad de México. Además, Ruiz dicta conferencias en todo el mundo.
Recientemente, Ruiz describió su trayectoria de vida, desde una zona
rural de México hasta hoy, en medio de la fama internacional, como
un recorrido lleno de misterio y misticismo. Acompañando a Ruiz durante
la entrevista en su hogar en las afueras de San Diego, se encontraban
su madre Sarita Vasques, de 94 años y su hijo Jose Luis, de 25.
Nacido en Guadalajara, México, Ruiz es el
menor de 13 hermanos de una familia tradicional de curanderos descendientes
de los toltecas.
Su abuelo fue un nagual, o chamán. Su madre, una curandera muy
estimada, siempre supo, aún antes de que Miguel naciera, que él
también continuaría con las tradiciones familiares. "Recibí una señal
y supe que algún día, él iba a ser reconocido en el mundo entero como
el libertador de los toltecas", dice la señora Vasques, una mujer de
baja estatura, pero de voz enérgica y mirada fija.
Los toltecas dominaron la zona central de
México del siglo X al XII.
En la actualidad se les conoce principalmente por haber fundado la
gran ciudad Tula, cuyas ruinas están a 40 millas de Ciudad de México
y por el dios Quetzalcoatl, al que se representa mediante una serpiente
emplumada. Los toltecas eran reconocidos por sus enseñanzas espirituales.
La palabra "tolteca" significa "hombres y mujeres de conocimiento",
dice Ruiz.
Los arqueólogos describen a los toltecas como una de las más
grandes culturas mesoamericanas. Sin embargo, Ruiz diferencia a los
toltecas
de los aztecas, mayas, olmecas y otras culturas. De hecho, los toltecas fueron
una sociedad unificada por una espiritualidad esotérica que se transmitió de
generación en generación de toltecas y luego pasó a otras grandes civilizaciones
que los sucedieron, dice Ruiz.
Los toltecas también fueron artistas, pero no en el sentido tradicional.
Ruiz explica: "Ellos consideraban que la manera en que cada uno vive
su propia vida es arte. Los toltecas creían que la vida es un sueño
y que siempre estamos soñando, aún cuando estamos despiertos. Haciendo
una analogía actual, el concepto tolteca del sueño es similar a protagonizar
nuestra propia película, siguiendo un guión escrito por nosotros mismos.
Toda la gente a nuestro alrededor vive su propia película sobre la
base de su realidad y su concepto del mundo".
Si bien creció en México y su madre siempre creyó que sería él quien
presentaría la filosofía tolteca al mundo moderno, Don Miguel, no estaba
convencido. En vez de dedicarse a la práctica del curanderismo tradicional
de su madre y abuelo, ingresó a la escuela de medicina. A fines de
los años setenta, sin embargo, una experiencia que casi lo lleva a
la muerte cambió por completo su vida. Mientras manejaba de regreso
a casa con dos amigos después de una fiesta, se quedó dormido. Cuando
su auto se estrelló contra un muro de cemento, Ruiz sintió que se separaba
de su propio cuerpo. Miró hacia abajo y se vio a sí mismo sacando a
sus dos amigos del auto. Despertó en el hospital y supo que ni él ni
sus amigos tenían lesiones serias. El accidente lo convenció que el
mundo espiritual realmente existe y se dio cuenta que era el momento
de dedicarse a las enseñanzas toltecas.
Ruiz estudió todo lo que pudo encontrar sobre la espiritualidad tolteca.
En 1986, luego de seis años de ejercer como cirujano, se mudó a California.
Allí, en un entorno informal, empezó a dictar cursos sobre la sabiduría
tolteca asociándose a su madre en un programa de enseñanza que ella
había iniciado a comienzos de la década del setenta.
De sus inicios en la enseñanza de esos cursos, Ruiz recuerda, "Podemos
decir que el principal reto era depurar el conocimiento tolteca de
todo lo relacionado con la mitología, la superstición y el fanatismo.
Y cuando lo conseguimos, lo único que quedó fue lo que yo llamo puro
sentido común".
El sentido común de los cuatro acuerdos se reduce a un concepto: No
es necesario esforzarnos demasiado para ser nosotros mismos. A todos
se nos condiciona a vivir según las imágenes que la sociedad nos impone.
Pero ese proceso, que Ruiz denomina "domesticación", en realidad nos
limita. "Buscamos la perfección fuera de nosotros mismos y ésa es una
de las mayores pérdidas de tiempo", dice. "La verdad es que ya somos
perfectos de maneras muy individuales. Eres lo que eres".
Ruiz se sienta en el sofá, al lado de su madre y su hijo. Jose Luis
se aferra a la mano de su abuela. Es claro que las tres generaciones
están unidas por un lazo muy profundo y espiritual. Don Miguel se expresa
con una claridad que inspira calma, como si no tuviera ninguna duda
de lo que dice. Su voz es amistosa y reconfortante y su sonrisa irradia
gentileza.
"Lo más importante es disfrutar de la vida", dice
Ruiz, "y eso sólo
se logra si las personas se transforman en lo que realmente son. He
estudiado y enseñado filosofía tolteca durante muchos años, pero yo
no les digo a mis alumnos, 'Tu debes ser abogado, o tu debes ser médico' Todo
lo que puedo hacer es darles los medios para que ellos lo descubran
por sí mismos".
Ruiz señala que la filosofía tolteca tiene mucho en común con las
principales religiones del mundo: "Jesús dijo que la verdad nos libera.
Buda dijo que debemos apreciar el mundo tal como es y no cuando está empañado
por prejuicios. En la tradición tolteca, nos toca encontrar el camino
a través de la niebla que nos confunde con opiniones antes que con
hechos. Debemos aprender a volver a nuestra propia naturaleza", observa.
Don Miguel añade, "Los cuatro acuerdos son
el espejo perfecto que nos permite mirarnos tal como somos y no como
desearíamos ser.
No como aparentamos ser, sino como realmente somos. Ayudamos a la gente
a encontrarse a sí misma".
¿Pueden estos cuatro simples acuerdos cambiar
realmente nuestras vidas? A usted le toca decidir.
Sé impecable con tus palabras. La
palabra tiene gran poder y debe usarse con cuidado. Debemos evitar
el uso de palabras para juzgar
o avergonzar a otros. El chisme es particularmente venenoso y nunca
debemos participar de él, dice Ruiz.
No te tomes nada personalmente. Se
reconoce este acuerdo como el que más cambia la vida. Ruiz afirma que toda nuestra vida puede
cambiar si aceptamos que las acciones y opiniones de otras personas
no tienen nada que ver con nosotros. Cada uno vive su propia realidad
y tiene sus propias experiencias. "El que alguien te diga que eres
una persona terrible, no te hace terrible. Del mismo modo, si alguien
te dice, que eres una maravilla tampoco te hace maravilloso". Si las
palabras o acciones nos afectan emocionalmente, ello significa que
han tocado una herida en nuestro interior. Debiéramos concentrarnos
en curar nuestras heridas y no en vengarnos.
No hagas suposiciones. Suponemos porque tenemos temor de
hacer preguntas, dice Ruiz. Con frecuencia los supuestos que asumimos
cambian el curso de nuestras vidas. Quizás asumimos que sabemos lo
que otra persona, como nuestro cónyuge por ejemplo, piensa, cree, o
desea. Debiéramos preguntar, debiéramos expresar lo que deseamos y
debiéramos comunicarlo claramente; de lo contrario, colmaremos nuestras
vidas de malos entendidos, resentimiento y oportunidades perdidas.
Haz siempre lo máximo que puedas. Lo
mejor de nosotros cambia a cada instante, sostiene Ruiz. En ocasiones
estamos enfermos o cansados;
aún así podemos dar lo mejor que tenemos. Si hacemos todo de la mejor
manera posible y aceptamos el resultado, nunca será necesario compararnos
contra otra persona y nunca nos juzgaremos con severidad si fracasamos,
dice.
Ruiz, quien sufrió un severo ataque al corazón en 2002, ha dejado
gran parte de su labor de enseñanza en manos de su hijos Jose Luis
y Miguel junior, de 28 años. Ruiz se está dedicando a la escritura
de música y es probable que este año actúe en una película. En cada
iniciativa que toma, dice que se mantiene fiel a la filosofía tolteca
y alienta a todos a hacer lo mismo. "Hago lo que me gusta hacer y evito
hacer lo que no me gusta. Tengo fe en todo lo que hago porque tengo
fe en mí mismo", dice Ruiz con una sonrisa que inspira confianza.
"La vida está llena de opciones. Para tomar decisiones, la persona
debe confiar en sí misma. No importa la edad, siempre se puede vivir
una vida distinta. Uno puede recibir inspiración hasta en el último
minuto de la existencia".
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